Errores de omisión vs. de comisión
Hay dos formas de equivocarse invirtiendo: hacer algo malo (comisión) o no hacer algo bueno (omisión). Las segundas son invisibles, y suelen costar más.
Cuando pensás en un error de inversión, imaginás comprar algo que se derrumbó. Eso es un error de comisión: hiciste algo y salió mal. Duele, pero al menos se ve. El otro tipo es más traicionero: el error de omisión. Es NO hacer algo bueno que tenías enfrente. No comprar una empresa excelente a buen precio porque dudaste, y verla multiplicarse por diez sin vos. No perdiste plata... pero dejaste ir una fortuna. ¿Por qué son más peligrosos? Porque son invisibles. Nadie los anota. Si chocás el auto, lo ves y lo lamentás; pero el colectivo que no tomaste y te habría llevado a horario, ni te enterás de que lo perdiste. Como dice Munger: la mayoría de los inversores solo cuentan los errores que pueden ver. Y esto no lo dicen principiantes: Buffett admite abiertamente que algunos de sus mayores errores fueron de omisión, como no comprar Amazon ni Google, aunque reconocía que eran negocios geniales (no supo valuarlas con confianza a tiempo). Que hasta el mejor inversor del mundo los cometa muestra dos cosas: que son inevitables, y que hay que aprender a verlos. La lección de fondo: el peor error no siempre es el que hiciste. A veces es el que no te animaste a hacer.
Dos inversores, hace unos años.
- •El primero compró una empresa de moda que terminó quebrando: perdió US$5.000. Un error de comisión: visible y doloroso.
- •El segundo estudió una empresa excelente, la entendió, pero no se animó a comprar. Esa empresa se multiplicó por ocho. No "perdió" un peso... pero se quedó sin US$35.000 de ganancia. Un error de omisión: invisible, pero mucho más caro.
Casi nadie cuenta el segundo error. Y sin embargo fue el peor de los dos.